¿Quiénes demonios eran los godos?

¿Quiénes eran los godos?

Por este mundo que habitamos han transitado y transitan personajes muy variopintos.


No hay más que salir a la calle a día de hoy en una gran ciudad para darnos cuenta de ello, y si vives o has tenido la ocasión de conocer grandes urbes como Londres o Nueva York, te habrás dado cuenta de ello.

En el mundo antiguo casi que sucedía lo mismo. En tiempos en los que el Imperio Romano gozaba de su máxima expansión, hacia el siglo II después de Cristo, éste aglutinaba una suerte de pueblos como los galos, íberos, celtíberos, judíos, tracios, britanos o bereberes entre otros.

Poner orden entre tanta diversidad no era tarea fácil. Pero aún con revueltas y sublevaciones como la Gran Revuelta Judía en el año 66 después de Cristo, la integridad del imperio se mantenía firme.

La famosa Pax Romana fue un período de relativa paz y estabilidad que prevaleció en el Imperio Romano, entre el siglo I y II de nuestra era; pero ya por aquel entonces Roma tenía conocimiento y era consciente de la cada vez mayor presencia de gentes del norte.

De entre ellos se sabía que un nutrido grupo de personas comenzaba a desplazarse desde tierras lejanas hacia territorios cada vez más cercanos a los límites del imperio.

Concretamente desde lo que hoy en día es el sur de Suecia, y probablemente desde una isla llamada Gotland. Si la buscáis en los mapas de Google veréis que se encuentra muy cerca de las costas de Polonia, concretamente de la ciudad de Gdansk, y por ser más precisos, en la desembocadura del río Vístula.

¿Y qué hacían estas gentes en estos tiempos yendo de aquí para allá, saliendo de su como ahora dicen “zona de confort”?

Pues probablemente buscando otro lugar mejor en el que vivir, aunque esto todavía no está del todo claro. 

Pero la deducción lógica es muchas veces la mejor aliada de las hipótesis, y está claro que cuando uno no está a gusto en un lugar… pues se va.

¿Y por qué no estás a gusto en un lugar?. Pues ahora en el siglo XXI pueden ser muchos factores los que influyan en esto, pero en los primeros siglos de nuestra era podría ser, o por unas condiciones climáticas adversas, y no hace falta tener un doctorado para saber del frío que hay en estas tierras en invierno, o porque no tenían nada que echarse a la boca.

Hambre y frío vamos.


Así que este grupo de valientes, probablemente algo desesperados, se liaron la manta a la cabeza y se plantaron en las cosas de la actual Polonia, posiblemente a principios del siglo III de nuestra era.

Por aquel entonces este grupo poblacional era insignificante para un Imperio Romano que gobernaba con mano de hierro casi toda Europa, Norte de África y territorios del Oriente Medio. Pero el lío y la jarana que iban a montar pocos años después no se la esperaba nadie.

Ya por aquel entonces se les empezó a conocer como Gothis, y con el transcurrir de los años comenzaron a expandirse por territorios de la actual Polonia, Rumanía, Moldavia o Ucrania, consiguiendo que las tribus que por aquellas tierras habitaban se integraran en un movimiento cada vez mayor.

Esto evidentemente no sucedió de la noche a la mañana, pero si es cierto que llegó un día en el que, junto a otros pueblos del norte como los vándalos o los suevos, comenzaron a curiosear por las tierras del imperio romano.

Y aquello les gustó. 

Tanto que los primeros líderes gothis se empeñaron una y otra vez en formar parte de aquello, buscando ser aceptados; pero siempre con una condición que sería determinante y que marcaría el devenir de los próximos años: tener su propio territorio, en el que aún estando dentro del imperio, rigieran sus normas, costumbres y religión.

Y en esas estuvieron durante un tiempo, en el que muchos de estos gothis, comenzaron a servir al imperio romano, integrándose en sus ejércitos, y siendo aceptados  como tal, en unos tiempos en los que la mano de obra militar escaseaba.

Pero llegó el día en el que todo se iría al carajo. 

Corría el año 376 después de Cristo, cuando un gran grupo de godos liderados por Fritigerno (ya os adelanto que váis a flipar con algunos nombres) cruzan el río Danubio con el ánimo de encontrar resguardo dentro del imperio. 

El Imperio Romano de Oriente los acepta en principio, probablemente con la intención de contar con mano de obra barata, pero las tensiones entre ellos comienzan a producirse. La corrupción de los gobernantes imperiales provocó que a más de un godo se le inflaran los bemoles, porque el dinero que debían cobrar por su trabajo realizado, se lo quedaban estos altos mandatarios.

Y aunque hoy en día, si tu jefe no te paga pues ponerle una denuncia, esto antes no funcionaba así. 

Simplemente se solucionaba por las bravas.

Así que entre esto, y otros factores como la exclusión, el abuso y el maltrato de estas gentes godas por parte de los romanos, llevó al cabreo y rebelión general de todos ellos.

Y se armó gorda. Concretamente en una localidad llamada Adrianópolis, dos años después de que nuestros amigos cruzaran el danubio, concretamente en 378 después de Cristo.

Y adivinad qué pasó.

Pues que la victoria cayó del lado godo, un pueblo que sabía luchar, principalmente porque no les quedaba otra. 

Pero además de esto, un hecho dramático sacudió a Roma. En esta batalla de Adrianópolis, se cargan a su emperador Valente.

Así que imaginaros como se quedó el pastel. El Imperio Romano de Oriente sin su líder, y los godos campando libres y triunfantes por los territorios del imperio.

¿Y qué paso después?.

Pues lo que vino después fue más brutal.

Pero esto os lo cuento en otra ocasión.

 

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