¿Por qué un documental de un tema tan aburrido?

Me aburren los visigodos

Reconozco que en mis tiempos de estudiante en bachillerato todo lo que venía acompañado del término “godo” me provocaba cierto rechazo.


Siempre lo asociaba a nombres extraños y personajes lejanos que no lograba entender qué hacían o dejaban de hacer.


Unido a todo esto, hay que decir que el sistema educativo de por aquel entonces, concreamente en las materias de Historia, inexplicablemente pasaba de soslayo por un período al que siempre identificábamos como algo oscuro o decadente, teniendo en cuenta del momento de gloria y esplendor de emperadores y legiones romanas del que veníamos.


Prácticamente pasabas de la caída del Imperio Romano a los tiempos de la Baja Edad Media y el Feudalismo, y si acaso, casi de refilón, te hablaban de extraños nombres como Leovigildo, Wamba o Ataúlfo, o de otros más comunes a día de hoy como Rodrigo.


El paso del tiempo y los lustros consiguieron que este prejuzgado tiempo oscuro y decadente fuera objeto de mi interés y curiosidad; e imagino que nacer y vivir en una ciudad como Toledo, el corazón de la Hispania Visigoda, habrá influido algo.


Pero creo que el momento en el que definitivamente se despertó mi curiosidad por este mundo visigodo aburrido y tedioso ocurrió en una visita a dos lugares arqueológicos para la realización de un reportaje fotográfico para un cliente muy importante.


La primera sorpresa vino en mi visita a la antigua ciudad de Recópolis, en la localidad guadalajareña de Zorita de los Canes. Allí, la persona encargada de las visitas de este parque arqueológico me contó la historia de aquel lugar, de cómo era, quién lo construyó, y cómo terminó desapareciendo en el transcurrir de los siglos.


La segunda sorpresa sucedió cerca de aquí, de Toledo. Concretamente en el Yacimiento Arqueológico de Guarrazar, a escasos 20 minutos de mi casa. Allí, Juan Manuel Rojas, responsable del yacimiento, me habló del pasado de este antiguo asentamiento visigodo, en el que probablemente vivieron reyes, pero sobretodo del descubrimiento de un espectacular tesoro en el año 1858.


Paseando por los terrenos de Guarrazar con Juan Manuel, y desde uno de los pequeños cerros que dominan este lugar tan especial, pude imaginar una época de esplendor. Allí, a las puertas de lo que terminaría siendo la gran capital de un reino que bien podríamos decir que es germen de la España de hoy.


La chispa de la curiosidad hizo acto de presencia, y desde aquel momento comencé a buscar documentación y bibliografía sobre todo lo que tuviera que ver con estos visigodos que habitaron en el lugar en el que vivo ahora. Aunque conocía algunos trabajos de mi paisano Daniel Gómez Aragónes al respecto, no fue hasta que comencé a leerlos cuando me dí cuenta de la historia que hay detrás de estos aburridos visigodos. Una fascinante historia de traiciones, asesinatos, conversiones, luchas y batallas que hay detrás de este periodo, digno del guión de una temporada extra de Juego de Tronos.


Y en estas me encontraba, cuando ordenando mis libros casi olvidados en el trastero de mi casa, cae desde lo más alto de la estantería en la que se encuentran algunos de ellos un ejemplar con el título: “La Aventura de los Godos” de Juan Antonio Cebrián.


Pero.. ¡que coñ*! exclamé.
¿Cuándo ha llegado esto aquí?.



Al mismo tiempo que soltaba ese improperio, recordé que compré este libro hace lustros en una librería de la ciudad, porque un libro de Juan Antonio Cebrián era una inversión segura en cultura y conocimiento.


Y allí lo dejé, olvidado. Probablemente esperando el momento en el que mi curiosidad por este mundo visigodo hiciera acto de presencia.


¡Qué casualidad! ¿verdad?. ¿O quizás no?.


Sea como fuera, comencé a echar un vistazo a su contenido. Y allí, hoja tras hoja, pude comprobar algo que sinceramente no me sorprendió. El gran “Cebri” convierte un relato que antaño significaba aburrimiento y desidia, en una obra de puro entretenimiento, digna como digo, de una serie. Una joya. 

Compradlo donde sea, porque lo es. En Amazon lo tenéis por 6 miserables euros.


La chispa de la curiosidad se había convertido una mecha  prendida. Desde ese momento busco información en artículos, podcast, o videos de youtube en los que de nuevo Daniel Gómez Aragonés nos cuenta apasionado la historia de los godos y los visigodos, de Alarico y su orgullo, del amor entre Gala Placidia y de Ataúlfo, de derrotas e invasiones, de la sabiduría del rey Sisebuto, quién ya sabía por aquel entonces que la Tierra era redonda; de “reuniones” en Toledo en las que se acordaban importantes y transcendentales temas que marcarían el devenir de lo que hoy en día es España y a las que llamaron Concilios, y sobretodo de un gran rey: Leovigildo.


Y como ya sabéis de qué manera funcionan las redes sociales hoy en día, la información que buscas viene acompañada de resultados que guardan relación con la misma. Y es en ese momento en el que un nombre aparece en casi todos los resultados que guardan relación con este mundo visigodo: José Soto Chica. Otro ejemplo junto a Daniel Gómez, de cómo poner en valor de forma amena y práctica un tema supuestamente aburrido.


Y así, de esta manera, y con la facilidad que a día de hoy tenemos de acudir a fuentes de consulta en las que autoridades en la materia nos ilustran, despierta en mí el interés por comenzar el desarrollo de un documental al que, desde el primer momento, titulé con El Reino Perdido”.

La mecha ya es un hoguera.

Quedaos por aquí… porque la historia promete.

Fran F.

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